NOSOTROS, LOS ARTISTAS
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abril 3, 2020

Siempre he sentido recelo de decir que soy artista. Y no es porque me avergüence dedicarme al arte, sino todo lo contrario. Pienso que hacer una obra de arte es  algo que implica sensibilidad, destreza, talento, gran esfuerzo. Es buscar lo bello hasta en la fealdad, -esto me lo presté de Eco-. Me encantaría decir “soy artista” pero, siendo muy sincero,  me cuesta. Me es más fácil, en ese sentido, decir “aquel es artista porque su obra es bella y da fe de una gran rigurosidad”. Belleza y rigurosidad son quizás dos buenas anclas para mí. Pero decir “yo soy artista”, es como decir “yo hago cosas bellas”. Así de valiosa es la palabra arte para mí. Y aunque sé que, siguiendo el diccionario, un artista es aquel que se dedica al arte (teatro, música, literatura, danza, cine, etc.), siempre le he otorgado yo a esa palabra una cuota mayor de sacralidad.

Por supuesto que esto tiene que ver con la aún difusa idea de lo que es y no es arte. Rubén Muñoz, filósofo español, explica  en un artículo:

“El arte es algo que no puede ser encerrado en una definición o abarcado desde una mirada global que pretenda explicar su totalidad; es por ello por lo que pienso que lo más adecuado para acercarnos a esta materia es llevar a cabo una descripción de sus elementos que nos sirva como puente para avistar una comprensión global suficiente. De esta manera profundizaremos más en el arte que si nos pusiéramos, cual investigadores positivistas, a intentar buscar una definición en la que se describiese su esencia. La esencia de cualquier ente es «inapresable» y más si tenemos entre manos algo tan complicado como es el arte”.1

El no poder definir con exactitud el arte y al artista, no implica, sin embargo, que no valore los denodados esfuerzos del ser humano por producir arte. Y en ello, agradecer que así sea porque en esos intentos es donde yo puedo encontrar las obras que me sorprenden y conmueven. Por mi parte, he buscado desde el teatro hacer obras bellas, sí. Y si a alguien le ha parecido así, pues es precisamente allí donde me siento artista.

Pero hay otro lugar donde me siento artista, y no es propiamente en el hacer arte, sino en la DEFENSA del arte; y en ello, en la unión con otros compañeros. Me identifico con todo aquel que reconoce en el arte la posibilidad de transformar el mundo. Puede sonar altisonante. ¿Quiénes nos creemos para cambiar el mundo? ¿Qué podemos hacer poniéndonos “trajecitos” para interpretar a Hamlet o estar frente al mar tratando de reproducir en un lienzo su belleza?

Siguiendo con Muñoz:

  ” ¿Qué sería el hombre sin el arte? Habría que plantearse seriamente esta cuestión y pensar si la humanidad sería la misma sin el arte. ¿Sería España la misma sin El Quijote?, ¿sería Italia, Italia sin Dante?, ¿qué sería de Inglaterra sin Shakespeare o de Grecia sin Homero? Esto es algo que habría que pensar muy seriamente; y no se trata de decir que hay que leer, ver u oír todas las obras que han hecho de la humanidad lo que hoy es, sino de comprender que la esencia, por ejemplo, de España y del español está planteada en esa grandísima obra de la literatura universal que es Don Quijote de la Mancha; que el siglo XVII se encuentra reflejado en Las Meninas o que el espíritu de la Europa de la época habita en Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano.  ¿Acaso no es cierto que Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Velázquez, Goethe, Mozart, Beethoven… han sido los grandes creadores y los que mejor han sabido expresar la espiritualidad más propia de Europa?, ¿sería Europa lo que hoy es sin ellos? Es, llevando hasta sus últimas consecuencias estas cuestiones, como verdaderamente tomamos conciencia de la trascendentalidad e importancia del arte.”2

A mí la  música me ha salvado muchas veces y me ha hecho feliz otras tantas. Y no hablo solo de Mozart; hablo del pop, hablo del músico del microbús, de los coros, del  violín solitario.

Ni qué decir del teatro.

Si eso hace el arte en mí, cómo no pensar en lo que hace en los demás.

Me entristece que la gente muchas veces no reconozca el valor del arte y el esfuerzo de los hombres por producirlo, pero me reconforta que, al margen de reconocerlo o no, suceda. Y me siento allí muy orgulloso de que existan seres humanos intentando hacer arte. Siento que somos igual de importantes que el pescador, el carpintero o el presidente. Y valoro muchísimo al que, llamándose artista, quiere que su sociedad tenga algo más que pan y agua. Por supuesto que cometemos errores y por supuesto que hay egos y disonancias en el quehacer artístico. Pero dónde no los hay.

Me siento artista defendiendo el arte y me siento más artista aún cuando estoy rodeado de otros artistas que lo hacen con un amor y fuerza admirables.

En eso, y por supuesto en cuidarnos y cuidar, estamos por estos días, escultores, cantantes, pianistas, pintores, bailarines, acróbatas, payasos, iluminadores, escenógrafos, actrices, improvisadores, directoras, gestores, tejedoras y muchos más.

En eso estamos nosotros, los artistas.

1 y 2. UN REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE EL ARTE de Rubén Muñoz Martínez en THEMATA, Revista de Filosofía número 36. Año 2006.

2 Comentarios

  1. Ricardo Roca Rey Cisneros

    Mateo te felicito por tus expresiones que comparto plenamente.
    Ojalá todo este mal momento pase pronto y podamos admirar a los artistas en sus distintas expresiones en vivo y en directo.
    Un saludo muy especial para ti y toda tu familia

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